La valla entre México y Estados Unidos se ha convertido en un lugar fértil y reivindicativo para artistas de ambos lados. Por Fernando Goitia

Es un espejismo. O, mejor dicho, un espejo. Lo pusieron dos artistas mexicanos para abrir una brecha metafórica en esta frontera entre México y Estados Unidos que tanto obsesiona a Donald Trump. No son los únicos. El muro lleva años activando la creatividad y el activismo de toda una pléyade de artistas, azuzados ahora por el discurso antimexicano del magnate. Las propuestas son de lo más variado: soltar globos con símbolos indígenas por encima del muro, pintar la valla de azul para que se confunda con el cielo y parezca que no existe, lanzar un hombre bala de lado a lado o cortar secciones del muro para chaparlas en oro y crear artículos de lujo al estilo dorado de Trump. La lista es larga, no en vano este lugar de encuentro y separación lleva tiempo inspirando a artistas más allá de los airados decretos del nuevo presidente. Hace 85 años, por ejemplo, la gran Frida Kahlo se pintó aquí en una profunda alegoría sobre la relación entre ambos mundos.